Desde hace muchos años, analizo a las personas partiendo de lo que llevan puesto. Es curioso, se puede saber mucho si te fijas en los detalles. Además, es más curioso aún, porque yo no me preocupo por lo que llevo.
Hace unos meses, tuve que coger el metro en hora punta y me fijé que en el vagón del metro que atravesé para encontrar un minúsculo sitio todas las personas no llevaban un símbolo religioso. Sino que había más bien el símbolo de una marca.
Una marca sobre la camisa, pantalones, faldas, gafas, bolsos,... Cada cosa una marca, y cada marca lleva consigo unos valores, que a veces choca, son contradictorios.
¿Hemos dejado de creer en un Dios
para creer en las marcas?
Sí, Dios ha sido sustituido por Tommy Hilfiger.
Como digo Tommy Hilfiger, digo Nike, Levis, Loewe... incluso BMW.
Y como no existe la relación de empresario y noble, ahí están frotándose las manos, porque se les ha iluminado la Gloria.
Y por otro lado, aquí estamos los nuevos compradores-adeptos, que ya no somos simples consumidores, que cada semana, mes o cuando se pueda, estamos en la tienda de esa marca para practicar nuestra religión, comprar mi marca- religión.
Y por mucho que me queje, de "¡qué cara que se ha vuelto!" "¡No tienes de mi talla!", ... seguimos ahí, y no pasamos a la otra marca, porque sería como una traición a nuestros valores, es decir a nuestra marca-religión.
Ahora me pregunto, ¿existe otra vida más allá de las marcas?
